Pececito de Ciudad

Pececito de Ciudad

jueves, 26 de diciembre de 2013

Tus ojos


Nunca quise ser probador de espejos, no soy tan vanidoso, lo único que deseo es ver mi reflejo en tus ojos.
 

lunes, 23 de diciembre de 2013

Agua de arroyo

 
Como el agua fresca del arroyo, que con las lluvias del otoño se despierta, así llegaste a mí para dar sentido a mis sentidos.
 

viernes, 20 de diciembre de 2013

Largo verano

 
Como el capitán de un barco
encerrado en una botella,
sin agua y sin viento,
en un mar intemporal;
convertido en especialista
en el arte de destrozarme,
sin dejar de sonreír.
Me descubrí luchando,
por las cosas que pasaban,
para no pensar en ti.
.

martes, 3 de diciembre de 2013

lunes, 2 de diciembre de 2013

Memorias pasadas

Desde aquel mensaje en la pizarra, se han sucedido las pintadas del "pececito de ciudad" en diferentes muros...

- Buenos días MUJER, como todos los días hoy también te necesito, te admiro y TE QUIERO.

- Toma nota.. "A veces no hay próxima vez, ni segundas oportunidades. A veces es..., AHORA o NUNCA"

- Hoy te invito a sonreír y pago yo.

- Cuando me refiero a ti, entre necesito y quiero no existe diferencia.

- Amar también es saber irse.

- Por momentos amo todo aquello que ya no es mío, a ti... por ejemplo.

- Qué triste es utilizar hoy tu nombre en pasado.

- Hoy necesito..., quiero, beber de ese licor que últimamente no me das.

- Si no hay nada que decir... ¿es decir que ya no hay nada? 

- Si me miras, como lo has hecho ahora, no puedes pretender que guarde silencio, ni que mantenga los pies a ras del suelo.

- Todos iban en otra dirección y eras tú quien le daba sentido a mi camino.

domingo, 1 de diciembre de 2013

El comienzo

En altamar, la tempranera mañana era fría, brumosa y presagiaba problemas para realizar las actividades previstas al aire libre. Sólo, absorto y mirando al horizonte, no me percaté de que D aparecía por la escotilla, hasta que escuché "¡¡Buenos días!!"; la miré y, señalando al cielo, respondí "¿tú crees?"; ella poniendo su mano en mi hombro contestó "¡¡Sí!!, los buenos días los hacemos nosotros", y yo... sonreí.
Ya por la noche, la guardia de 04:00 a 08:00 estaba resultando bastante incómoda. La temperatura había bajado notablemente, lloviznaba y nos envolvía una humedad persistente que calaba profundamente hasta los huesos. Sin duda, era una noche de guardia desapacible en la que, a diferencia de otras, reconfortaba hacer la ronda bajo cubierta para absorber algo del calor de los durmientes. En una de esas rondas, ya casi al amanecer, me acerqué hasta la biblioteca y encendí la luz. Me fijé en la pizarra que los chicos de la redacción habían casi llenado con sus esquemas y notas, observé en ella un pequeño hueco, escribí y ... firmé.