Con el paso del tiempo, con la edad, llega el momento en que uno ya no distingue entre aquello que ha pensado, escuchado o leído y lo hace suyo..., aunque sea por momentos. Por eso, en este intento de reflejar sentimientos, entiendan que no hay pretensión de vulnerar ningún derecho, simplemente, es que mi memoria de pez es ya un hecho.
Pececito de Ciudad
domingo, 6 de abril de 2014
Posada del Peine
Y hoy no será tu peine el que te mese los cabellos, sin que te des cuenta, serán mis dedos los que dehagan los enredos del viento.
La Posada del Peine (Madrid, 1610). Ofrecía en cada habitación, como servicio adicional a los clientes, un peine que estaba atado con una cuerda para que no se lo llevaran.
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